En el Delta del Ebro

La costa de Tarragona era el último tramo de la costa de la Península Ibérica (España y Portugal) que nos quedaba por conocer. Calas, acantilados y generosas playas, coronadas por urbanizaciones agresivas, conforman este litoral cuyo referente máximo lo encontramos en el Delta del Ebro.

Según los geógrafos, el Ebro es el rio más caudaloso de la península. Nace en las montañas cántabras y después de recorrer cerca de 1.000 kilómetros por pueblos y comunidades de España desemboca en el Mediterráneo.

La vasta extensión de terreno fértil que conforma el río Ebro en su desembocadura está destinada, prácticamente en su totalidad, al cultivo del arroz. Uno se podía imaginar estos arrozales como los vistos en algunas películas rodadas en Vietnam o China pero poco tienen que ver. Las fincas tapizadas en toda su amplitud de color verde intenso, en nuestro caso se convierten en huertos donde prevalecen las huellas, las rodadas, de las grandes cosechadoras que rompen el encanto bucólico creado por el cine.

El Delta, al que accedemos por San Carles de la Rápita,  es una planicie mechada de canales y moteada por el plumaje de bandadas de garcetas, flamencos y otras 100 especies de aves que allí anidan, entre marismas y arrozales. Plagado también de mosquitos agresivos, es visitado por más de cuatrocientos tipos de aves que lo tienen por etapa obligada en sus migraciones.

Además de San Carles, y su atractivo turístico, tenemos L’Ametlla del Mar, cuyo puerto ofrece calado suficiente para el acceso de los grandes atuneros que trabajan en las almadrabas y de otras embarcaciones de menor envergadura que explotan la riqueza pesquera de la zona. La acuicultura, las salinas de la Trinidad y el monocultivo del arroz son otras actividades relevantes en el Delta del Ebro.

Resulta curioso contemplar como cargan los barcos de pescado menudo para alimentar los atunes rojos de las almadrabas (ver en la foto inferior)

Por supuesto, la economía del Delta también es deudora de un turismo (nacional y extranjero) que, calculan, aporta más 100 millones de euros al año a la comarca.

Ya dentro del Delta del Ebro encontramos la pintoresca localidad de “Poble Nou”. Un pueblo de “colonización”, construido en los años cincuenta del siglo XX con ánimo de repoblar la comarca.

En la actualidad, transformado en atractivo turístico y repleto de pequeños restaurantes, es referencia donde poder tomar un arroz de la zona.

También se pueden degustar  unos mejillones a la marinera criados en las “bateas” de los alrededores.

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