Procesión de San Vitores en Zorraquín

San Vitores en Zorraquín.

El coqueto pueblo de Zorraquín (La Rioja) está regado por el arroyo Ciloria, afluente del río Oja. Es uno de las localidades que se benefició del fuero de Ezcaray, concedido por Fernando IV de Castilla, el 24 de abril de 1312, con ánimo de repoblar el Valle del Oja, entonces de Ojacastro. Una prebenda que, con más o menos variaciones, estuvo vigente hasta el final de la tercera guerra carlista en 1876

Se conoce su existencia desde 1084. Hay documentos en los que ese año, Alfonso VI de Castilla, cedió al Monasterio de Yuso una ermita, dedicada a San Sebastián, ubicada en territorio de esta localidad. De este oratorio no queda huella alguna.

La actividad principal de Zorraquín es la ganadería. Por otro parte, su nuevo barrio Usarena agrupa una serie de viviendas de temporada que multiplican por dos, o incluso por tres, a los 90 vecinos allí censados.

En lo referente a servicios cuenta con dos restaurantes, el Yedro y el “Caserío”, donde se sirven comidas de tipo casero, generalmente acompañadas de buenos y ricos vinos de La Rioja. Existe también en el núcleo del pueblo una casa rural con el nombre de la “Chota Marela” a la salida hacia Ezcaray unos apartamentos turísticos “Real Valle de Ezcaray”.

Uno de los mayores encantos de esta pequeña población es su iglesia parroquial. Dedicada a San Esteban, de estilo románico, con un pequeño cementerio adosado a su pared norte, considerada monumento de interés cultural, fue construida durante la última mitad del siglo XII.

En diciembre se conmemora la festividad de Santa Lucia con una comida popular, mas bien familiar, a la que acuden la mayor parte de los vecinos y algún que otro invitado.

No obstante, la fiesta principal se celebra el 26 y 27 de agosto en honor a San Vitores. Sobre este santo cuenta una leyenda, hay quien dice milagro, que allá en el siglo IX, después de ser decapitado se agachó a recoger su cabeza, siguió predicando con ella en la mano y bendijo a sus verdugos musulmanes que después de lo visto acabaron por convertirse al cristianismo. La celebración consiste en una misa cantada. Una vez finalizada sale la efigie del santo predicador en procesión por las calles del municipio.

En el aspecto laico de la fiesta destaca la presencia de numerosos curiosos y veraneantes de los alrededores que acuden, más que a los actos religiosos, a degustar el “choricillo” con trago de vino que preparan voluntarios lugareños a cargo de las arcas del ayuntamiento.

 

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