Puertos del País Vasco. Bizkaia

El Golfo de Bizkaia se encuentra en el extremo oriental de Europa. Conforma un gran arco en el Océano Atlántico cuyos extremos se sitúan entre el cabo Ortegal, en Cariño, norte de Galicia, y la isla Ouessant en la Bretaña francesa. El tramo correspondiente a la costa del País Vasco, con forma de concha, se sitúa en el mismo vértice del Golfo de Bizkaia. Entre Muskiz (Bizkaia) y Anglet (Pirineos Atlánticos), puede alcanzar unos 300 kilómetros de ensenadas, playas y acantilados.

La tradición marinera del País Vasco llega de antaño. Además de pescadores, los puertos vascos acogieron mercaderes y corsarios cuya huella perdura en libros de historia y aventura. Para el recuerdo quedan las míticas incursiones a Terranova en busca del bacalao o la caza de ballena cuando se acercaba al litoral. En Orio, el 14 de mayo de 1901, se capturó la última ballena vasca.

Mucho ha cambiado la actividad y la fisonomía de los aquellos puertos de entonces. Goletas impulsadas por el viento, “txalupas” de madera guiadas por remeros o motoras a vapor, son cosa del pasado. Aquellas embarcaciones de madera, de vivos colores, amarradas a boyas y muelles, han dado paso a barcos de acero y poliéster con nuevo diseño y mayor envergadura.

Salvo Bilbao, Pasajes y Bayona, con servicio adecuado para el atraque de buques mercantes, el resto de los puertos del País Vasco son de tradición pescadora. Hay “pesca de altura” con grandes barcos frigoríficos que permanecen semanas en altamar. La ”pesca de bajura”, se lleva a cabo con embarcaciones de tamaño medio, dentro de las primeras 60 millas de la costa. Hay también pequeñas lanchas de un solo tripulante que, sin perder de vista el litoral, vuelven a diario con su botín plateado. La pesca profesional ha descendido de manera sustancial. En la actualidad, los yates de recreo ocupan el mayor número de amarres y pantalanes de los puertos vascos.

Con poca mochila y mucha ilusión decidimos conocer la nueva realidad portuaria. Un recorrido en etapas por toda la costa vasca ha dado por resultado este “cuaderno de viaje”. En sus páginas, fotografías panorámicas, de muelles y puertos, tomadas con un telefonillo portátil, se abrazan a una colección de dibujos, con visos costumbristas y buena dosis de añoranza del pasado que vive en la memoria.

Bordeando la costa, nuestro recorrido salió del oeste y fue hacia el este. De babor a estribor, si miramos de cara a la mar. Visto de otra manera, desde el Valle de Somorrostro hasta la confluencia de los ríos Nive y Adour, en Bayona.

En nuestra nueva actividad de caminantes por capricho, del gran arco que conforma el Golfo de Bizkaia, entre Estaca de Bares, en Galicia, y la isla de Ouessant en la Bretaña francesa, hemos recorrido, aproximadamente, unos 300 kilómetros. El tramo correspondiente al País Vasco. En varias etapas, nos hemos detenido en sus pueblos marineros y tomado fotografías desde distintos puntos vista. Panorámicas de sus puertos, con un “telefonillo portátil”, para acabar eligiendo una de ellas para así conformar un cuaderno de viaje, como recuerdo y regalo para los buenos amigos.

Desde Muskiz (Bizkaia) hasta Bayona (Francia), la tradición marinera del País Vasco llega de antaño. Además de pescadores, los puertos vascos acogieron la navegación de barcos “venaqueros” que, en cabotaje y época estival, trasportaban el mineral de hierro. el mineral de hierro hasta las ferrerías. Mercaderes y corsarios cuya huella perdura en libros de historia y aventura. Vivas en el recuerdo quedan las míticas incursiones a Terranova en busca del bacalao o la caza de ballena cuando se acercaba al litoral. Fue en las costas próximas a Orio, el 14 de mayo de 1901, cuando se capturó la última “ballena vasca”.

Mucho ha cambiado la actividad y la fisonomía de los aquellos puertos de entonces. Goletas impulsadas por el viento, “txalupas” de madera guiadas por remeros o motoras a vapor, son cosa del pasado. Aquellas embarcaciones de madera, de vivos colores, amarradas a boyas y muelles, han dado paso a barcos de acero y poliéster con nuevo diseño y mayor envergadura.

Salvo Bilbao, Pasajes y Bayona, con servicio adecuado y calado suficiente para el atraque de buques mercantes, el resto de los puertos del País Vasco son de tradición pescadora. Hay “pesca de altura” con grandes barcos frigoríficos que permanecen semanas en altamar. Perdura la ”pesca de bajura”. Se lleva a cabo con embarcaciones de tamaño medio, dentro de las primeras 60 millas de la costa. Están también las pequeñas lanchas de un solo tripulante que, sin perder de vista el litoral, vuelven a diario con su botín plateado. Con todo, la pesca profesional ha descendido de manera sustancial desde los últimos cincuenta años. En la actualidad, los yates de recreo ocupan el mayor número de amarres y pantalanes de los puertos vascos.

Bordeando la costa, hicimos ruta de oeste y a este. De babor a estribor, si miramos de cara a la mar. Visto de otra manera, desde el Valle de Somorrostro hasta la confluencia de los ríos Nive y Adour, en Bayona.

PUERTOS DE BIZKAIA

Iniciamos nuestra ruta desde lo que fue antaño el PUERTO VENAQUERO de POBEÑA hoy barrio marinero de Musquiz, pueblo lindando con Cantabria, por donde pasa el “Camino de Santiago” del norte, a la orilla izquierda de la desembocadura del río Somorrostro. En la actualidad su actividad portuaria es inexistente. Guarda una “rampa” que permitiría retirar y volver a colocar, ocasionalmente, en la ría pequeñas “txalupas”. No obstante, presta más servicio a los bañistas en pleamares de época estival. Hay también, lo que podríamos considerar, una pequeña dársena colmatada de arena y lodo.

Puerto de Pobeña en el siglo XIX

Hasta 1876 fue un importante puerto venaquero, protegido por una pequeña península presidida por la ermita de “Nuestra señora del Socorro” (1768). La explotación industrial de los montes de Triano, la conocida “vena” de Somorrostro, acabó con aquella manera tradicional de trasportar el mineral de hierro a las ferrerías de la cornisa cantábrica, por medio de barcos venaqueros en cabotaje. Se encargaban de ello embarcaciones de Mundaka o de Plentzia durante la primavera y verano.

Adentrándose en la ría del Barbadun, próximos al Castillo de Muñatones, existieron otros dos puertos venaqueros, “Lavalle” y “San Martín”, donde las carretas depositaban el mineral que después se transportaba por mar.

Atrás quedaba la playa de La Arena y la refinería de Petronor. Batiendo la mirada entre Punta Lucero y Punta Galea, referencias de entrada a lo que hoy se conoce popularmente como “ superpuerto”, Puerto Autónomo de Bilbao, llegamos a  Zierbena.

El PUERTO de ZIERBENA es uno de los pequeños refugios de embarcaciones que ofrece el Abra del Nervión. Tradicionalmente ha vivido de la navegación y la pesca de litoral. A sus vecinos se les conoce por el apodo de “galipos” en referencia al cesto que llevaban cuando salían de faena a la mar.

En la actualidad, la pesca resulta una actividad un tanto simbólica. La mayor parte de las embarcaciones allí amarradas son de recreo. En la Ruta Norte del Camino de Santiago, su máxima atracción reside en los animados restaurantes y asadores que ocupan su calle principal.

El PUERTO de SANTURCE ha pasado a la memoria colectiva por sus sardineras que “con la falda remangada” ofrecían su pescado por los pueblos limítrofes. Lo que fue una dinámica flota pesquera ha quedado reducida a unas pocas embarcaciones. En cualquier caso, todavía quedan barcos de cierto calado

que descargan sus capturas en los muelles de la cofradía. Además del tradicional puerto pesquero, guarda una serie de pantalanes para yates deportivos y otros muelles para el atraque de barcos de gran tonelaje. Está dotado con todos los servicios necesarios al intenso tráfico marítimo que sostiene.

Todavía en la margen izquierda de la ría del Nervión, PORTUGALETE es el tercer puerto que hemos visitado. En el pasado fue puerta de entrada para los buques mercantes que llegaban de ultramar con destino a los muelles de la Villa de Bilbao. Hoy día, su función portuaria acoge las labores de “prácticos” y remolcadores. La localidad es mundialmente conocida por su puente colgante que la une con el municipio de Getxo. Declarado Monumento de la Humanidad por la UNESCO resulta un lugar de visita turística muy frecuentado.

La barquilla del “Puente de Bizkaia” nos lleva a Getxo. Bordeando el paseo de la ría alcanzamos la playa de Las Arenas y nos encontramos con el embarcadero del MARÍTIMO del ABRA. Su nombre completo es “Real Club Marítimo del Abra y Real Sporting Club”. Se fundó en 1898 para el ocio familiar de la oligarquía vasca de Neguri. Fue 1901 cuando le concedieron el título de “Real”. En agradecimiento organizó la primera regata de veleros “Copa del Rey” en 1905, desde 1981 se celebra en Palma de Mallorca. En la actualidad, este puerto deportivo por excelencia, ha perdido gran parte de sus aires elitistas y su relación de socios tiene aires más campechanos.

Siguiendo nuestro paseo, llevamos a la izquierda el mar y a la derecha una serie de mansiones que guardan recuerdo de la riqueza exultante de Neguri. Así llegamos al espigón de ARRILUZE que da nombre al pequeño embarcadero construido a su socaire. Está presidido por un emblemático edificio por proyectado por el reconocido arquitecto local Ignacio Mª Smit en 1912. Se trata de la “Casa de Náufragos”, hoy sede de la Cruz Roja del Mar. Construida sobre las rocas exhibe con orgullo un decorativo faro de estilo vasco. Sus pantalanes están ocupados por barcas de recreo y alguna que otra lancha de aficionado a la pesca. Son referencia y solera para el nuevo “Puerto Deportivo de Getxo”, convertido en moderno centro comercial y hostelero.

Retomamos el recorrido al pie de la Playa de Ereaga y nos encontramos con el antiguo barrio pesquero de Algorta. Escalonado sobre lo que fue un acantilado tiene a sus pies el PUERTO VIEJO de ALGORTA. Un pequeño refugio marino que en la actualidad se conserva más como una referencia histórica, o atracción turística, que como auténtico resguardo de embarcaciones, aunque todavía se amarre en sus argollas algún que otro “txintxorro”.

Sin perder de vista el mar llegamos al Faro de la Galea. Sobre un acantilado cortado a cuchillo alcanzamos las playas de Larrabasterra y Sopela antes de llegar a la de Barrika, justo frente a la desembocadura del río Butrón, padre de la Ría de Plentzia.

La propia ría de PLENTZIA ha sido desde antaño caladero y refugio de embarcaciones. Su pequeño puerto conoció momentos de esplendor entre los siglos XIII a XVIII. Los emblemas sobre las puertas de algunas casas solariegas todavía cuentan que “Placencia de Butrón dio marinos a la armada”. Las guerras de convención y carlistas trajeron la decadencia de esta localidad marinera. A partir del XIX, junto a Gorliz, pueblo vecino, se convirtió en zona residencial y de veraneo. Desaparecida su reputada “Cofradía de Mareantes”, hoy el PUERTO de PLENCIA abarrota sus pantalanes con barcos de recreo. Solo tres se dedican a la pesca de litoral y dependen de la Cofradía de Armintza.

Por una sinuosa carretera, adentrándonos hacia el interior, llegamos al alto de Andrakas desde donde descendemos hasta el coqueto PUERTO de ARMINTZA. Es la salida al mar de la localidad de Lemoiz. Una ensenada de acceso complicado, al abrigo del Peñón de Gaztelu y la Punta de Kauko.

La Cofradía de Pescadores Santo Tomás, fundada en 1895, regula la actividad de 8 embarcaciones con menos de 14 metros de eslora. Una de ellas tiene base en Bermío y tres base en Plentzia. Se dedican a la pesca con artes menores, técnicas tradicionales, el anzuelo, el enmalle o el palangre para el pescado y nasas para el marisco. El resto de lanchas abarloadas en sus muelles son de uso deportivo y divertimento.

Continuamos ruta hacia el noreste. Durante escasos cinco kilómetros se suceden playas de piedra y acantilados hasta alcanzar la cala de Basordas. Convertida en un amasijo de hormigón, se contempla desde un alto lo que pudo ser una central nuclear. Sin uso conocido alguno, salvo escenario de alguna novela negra, los polémicos acontecimientos que rodearon su construcción pusieron de relieve en la prensa nacional e internacional este tramo olvidado de la Costa vasca.

Carretera adelante se llega a la localidad de Bakio, recordada en el cancionero popular por su “txakoli gorri”. Sin puerto, es destino de veraneo por su atractiva playa, donde desemboca, en su margen izquierda, el riachuelo Ondarra. Seis kilómetros más adelante se encuentra un mirador desde donde contemplar el conjunto de los islotes Aquech y Gaztelugatxe. Este último esta unido a tierra por un brazo de rocas. Es “Patrimonio Cultural del País Vasco”. Esta acondicionado para acceso al publico que, después de subir 242 escalones, puede visitar la ermita del siglo XI dedicada a San Juan que se encuentra en parte más alta.

Para alcanzar nuestro próximo destino dejamos a nuestra izquierda, al pie del monte Sollube, el Cabo Matxitxako y su deslumbrante faro.

Descendemos una sinuosa carretera y entramos al casco urbano de Bermio. Las referencias de esta villa llegan desde la Edad Media. Fue “Cabeza de Bizkaia”, en tanto que localidad más poblada y rica del Señorío. Hijo notable de la villa fue Nestor Basterretxea, artista de reconocido prestigio, una de cuyas esculturas preside el “Parlamento Vasco”.

Hoy, con sus 27 embarcaciones dedicadas a la pesca de bajura, el PUERTO de BERMEO es uno de los enclaves pesqueros más importantes del País Vasco. Sus nuevas instalaciones permiten un ritmo comercial considerable. Los muelles reciben la descarga de barcos con base en otras localidades. La navegación deportiva cuenta con 400 amarres situados en lo que fue su puerto primigenio, hoy conocido como “Portu Zaharra”, que gracias a este “nuevo esplendor” está perdiendo sus encantos “arrantzales”.

Bordeando la costa, sin perder ojo a la isla de Izaro, territorio de Bermeo, ganado en regata de traineras a los remeros de Mundaka, nos vamos adentrando en el estuario de Urdaibai. Desembocadura del río Oka, de gran interés eco-biológico, esta considerado y protegido como “Reserva de la Biosfera”.

Allí, en su margen izquierda, justo al borde de la desembocadura, con la isla de Izaro en frente y la de Txatxarramendi al lado, se encuentra el PUERTO de MUNDAKA. Próximo a lo que fue el asentamiento romano de “Forua”, su historia esta cargada de leyendas. Entre ellas, sobresale la crónica literaria de García Salazar en el siglo XV. Cuenta como en su orilla desembarcó una hija del rey de Escocia. Una noche, la infanta quedó preñada por un extraño diablo, conocido como “Culebro”, del que tuvo un hijo, Jaun Zuria, primer señor de Bizkaia.

En la actualidad, Mundaka carece de actividad pesquera profesional. El último barco, “Andiño Txiki” dejó de faenar en 2014. Su cofradía atiende exclusivamente las labores de siete mariscadores de la ría. Veraneantes, “balandristas” y aficionados al “surf” animan sus calles durante la temporada estival.

Camino a la margen derecha de la ría de Mundaka se pasa por Gernika, sede mítica de la “Casa de Juntas” y su roble centenario. Entorno al “árbol sagrado”, desde tiempo inmemorable, se reunían los representantes de los distintos pueblos y villas pertenecientes a su jurisdicción. Luego se pasa por Arteaga. Llama la atención su torre, remodelada por la Emperatriz Eugenia de Montijo. Aquí tomamos finalmente la margen derecha de la ría. Después de sortear las playas de Laida y Laga se llegamos al municipio de Ibarrangelu. Vecino de nuestra nueva etapa.

Al amparo del cabo Ogoño está la rada del PUERTO de ELANTXOBE. Sus casas trepan muelles arriba por lo que fue un acantilado. Zigzagueando por estrechas callejuelas peatonales se llega al punto más alto donde se conforma una atalaya con excelente panorámica de la costa. Resulta un pueblo pintoresco que concita la admiración de sus visitantes. Podría resultar escenario adecuado para una película de piratas. En tiempos pasados la pesca fue su actividad principal. Hoy día no hay una sola embarcación que se dedique a este menester de manera profesional. Los barcos que guardan sus muelles de piedra y hormigón se dedican al recreo o a la pesca deportiva de manera esporádica.

Sin apartarse de la costa se llega al angosto estuario que conforma el río Ea que da nombre al pueblo donde desemboca. Esta localidad la conforman dos calles principales al borde del cauce y unidas por varios puentes, uno de ellos de estilo románico.

Llegando a la desembocadura está la playa que aparece o desaparece según suba o baje la marea. En su margen derecha se encuentra el diminuto PUERTO de EA. Una escollera protege, de posibles riadas y embates de la mar, a las pocas barcas a motor que allí se resguardan.

Por carreteras enrevesadas alcanzamos la villa de Lekeitio. Fundada por María Díaz de Haro en el siglo XIV la presencia humana en el lugar se remonta a la prehistoria. Este 2016 se descubrió en su casco urbano, al decir de los expertos, un valiosos santuario de arte rupestre.

La pesca ha sido la forma de vida tradicional hasta épocas recientes. El PUERTO de LEKEITIO se encuentra entre la punta de Amandarri, al este, y la de Bastararria, al oeste. Dentro de una bahía en la que desemboca el río Lea y se alza el islote de San Nicolás, accesible a pie en mareas bajas. Las embestidas del mar las protege un rompeolas que nace desde la Punta de Amandarri y sobresale un centenar largo de metros.

La cofradía de Pescadores organiza la actividad pesquera de nueve embarcaciones, una de ellas con base en Bermeo. Se dedican a la pesca de cerco y caña. Mucho más numerosos son los barcos de recreo consecuencia del marcado carácter turístico que predomina hoy día en esta localidad.

A trece kilómetros por la carretera de la costa, todavía en Bizkaia, se llega a Ondarroa. Justo a su entrada, antes de comenzar a descender una cuesta repleta de coches mal aparcados, se contempla una generosa vista de los muelles, playa de Arrigorri y también la de Saturraran con el fondo de sus acantilados protectores.

El PUERTO de ONDARROA nace y crece desde el último meandro del río Artibai, próximo a su desembocadura. Si bien este cauce fue camino para el trasporte mineral de hierro con destino a las antiguas ferrerías, la pesca y la industria conservera ha sido, y sigue siendo, el motor principal de la economía local.

Está considerado el puerto con más volumen de pesca del Cantábrico. Son cuatro los barcos de bajura adscritos al puerto. A ellos se añaden las capturas de veinte barcos “arrastreros”. Además, sus instalaciones atraen y trabajan con flotas de otros puntos de la cornisa cantábrica. Como en el resto de otros puertos del País Vasco existe una dársena dedicada a yates o motoras de recreo.

 

Texto y fotos Josu Bilbao Fullaondo

 

 

 

 

 

 

 

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